jueves, 31 de julio de 2008

A La Memoria De Eduardo Ibáñez Requejo

Te gustó tanto aquella tierra
que tus huesos reposan ella,
tierra de toro bravío,
por ellos te fuiste,
por ellos pasaste hambre,
por ella nos privaste de tu compañía.

Y en las noches de luna llena,
con tu pañuelo de farsé
que envolvía una muleta
y un capote a la vez.

Esperabas entre las sombras
ver un toro aparecer,
y..... mientras tanto...........
cuantos sueños de fama y de gloría,
SALIR A HOMBROS POR LA PUERTA GRANDE
pero ¡cuidado! ahí viene
que planta, que temple, que hermosura,
y tu con tus ganas de triunfar
sales y lo esperas,
desplegas el capote y lo increpas,
el bicho parece que se lo piensa
por fin arranca y embiste
por la derecha y ahora por la izquierda

oooleee ole te parece oír,
te animas y vas por la muleta, ¡he toro he toro!

Das pases a diestra y siniestra
y al final uno de pecho,
te embriagas con el toro,
te confías y te coge.

Te da tres o cuatro revolcones,
cuando logras ponerte en píe,
ves que viene el mayoral,
coges los trastos y sales por piernas
dejando aquel lugar.

Vuelves a Salamanca,
como tantas veces
aun estas sin cenar,
te meterás en la cama
te pondrás a soñar.

Sueña Eduardo sueña,
porque nunca triunfarás
pedirás una oportunidad........
pero nadie te la dará.

Tendrás que dejar los toros ,
y ponerte a trabajar,
tu querías ser torero
El Santo te querías llamar,

tal vez las astas de un toro
te hubieran podido matar,
pero fueron las astas e un cáncer
las que te obligaron a dejar de respirar.

El original de este escrito,
no se puede leer
por haber sido emborronado,
por las lágrimas de quien esto escribe.