jueves, 4 de febrero de 2016

El Banco

    Quería volar y no podía
pues alas no tenía,
Quería besar y no podía
pues labios no tenía.

    Quería abrazar y brazos no tenía
quería escribir y manos no tenía,
quería caminar y pies no tenía,
pues sus cuatro patas, de nada le servían.

    Aquel banco del paseo
soñaba cada mañana                                                
con hacer todas esas cosas
que la gente corriente hacía.

    Su sueño siempre acababa
Cuando algún nalgatorio,
en su base se sentaba
el sol desaparecía.

    Para él acababa el día
Pobre banquito, pobre banquito,
siempre ocupado
siempre tan solito.

María Ibáñez