sábado, 16 de febrero de 2013

El Esparadrapo


Viernes 11 enero 2013  
Hoy de nuevo he sido capaz de volver al Palau Robert, y hacer mi pequeña donación de sangre. los que me conocen ya saben que soy muy cobarde en cuanto a sangre se refiere, pero la ocasión lo merece. Siempre hace falta sangre, y quien sabe, quizás un día seas tu que estás leyendo esto quien lo necesite. Hoy por ti, mañana por mi. Anímate, porque merece la pena ,por muy cobarde que se sea, ya que yo me llevo la palma. Pero te tratan tan bien, son todos tan atentos, que no hay porque temer, además sales llena de felicidad. Hasta el punto que hoy el cielo de Barcelona era mas azul que nunca. Soy feliz.
Viernes por la tarde todavía no me he quitado el esparadrapo del brazo, por si aún pudiera salir sangre,
(ya salió mi vena cobarde).
Sábado por la mañana, sigo sin quitar el esparadrapo, lo  veo algo sanguinolento y me cogen mareos.
Empieza el soliloquio ¿ que voy a hacer? no me atrevo
Pues te metes en la ducha el agua ablandará el esparadrapo y saldrá solo.
Pero, ¿y si se arranca la costra, empieza a salir sangre? y me mareo en la ducha.
Madre mía tendré que ir al ambulatorio a que me lo quiten
¿Pero que dices estás tonta¿ con todos los problemas que hay en la sanidad, se van a reír de ti en tu propia cara.
Pues entones ¿Qué hago? Ya se, iré a la farmacia, que por lo menos me conocen y no me importara tanto hacer el ridículo por mi cobardía.
Bajo a la calle, entro en la farmacia el farmacéutico salía a la calle, lo paro y le digo: ¿Puedes hacerme un favor?
Dime.
Ayer, fui a donar sangre, y no soy capaz de sacarme el esparadrapo, ¿me lo puedes sacar tu?
¿Qué has sido capaz de dar sangre y no lo eres de sacarte el esparadrapo?
Así es.
Pues mira yo no soy capaz de donar sangre, entra, te pondré un poco de parafina para que no te haga daño.
Me senté, puse mi brazo en el mostrador, y mirando hacia el otro lado, esperé que me lo quitara.
Ya está
¿ no me pones una tirita por si acaso?
Noooooooooooooooooo. nada de tiritas.
Yo por si acaso me compré una caja de tiritas de papel, por si, de vuelta a casa, me salía sangre de nuevo.
y esta es la historia de una cobarde.
María Ibáñez