martes, 12 de marzo de 2013

Fumata Blanca


Cuando era pequeña, creía que para elegir Papa, los Cardenales elegían a uno de ellos, y encendían con las papeletas, un fuego el cual producía humo y que este, salía por la chimenea del Vaticano.
Y que el hecho de que saliera el humo blanco o negro, no tenía nada que ver  con los Cardenales, sino que era el mismo Espíritu Santo, el que determinara que fuera negro, si el elegido no era de su agrado. O que fuera blanco cuando el elegido era de su agrado.
O sea que creía que era obra del Espíritu Santo el nombramiento del nuevo Papa. 
Mas tarde supe que al quemar las papeletas lo hacen con pez y eso produce el humo  negro.
Estos días pensaba que a mi me da igual el Cardenal que salga elegido como nuevo Papa, porque a fin de cuentas la alta Curía hará lo que le de la gana. Pero repensando, veo, que no es así; que si que me importa.
Que me gustaría un Papa, que no fuera un hombre de despacho, Que viviera con su pueblo, no  en lo alto del pueblo. Que supiera lo que es estar junto al pobre, en las parroquias. En el mal llamado tercer y cuarto mundo. Que se deshiciera del Banco Vaticano, ya que un banco nada tiene que ver con El Evangelio.
Que aboliera tanta parafernalia, tanto gorro alto. Un Papa que viva con los pies en la tierra, que avance con los tiempos. Que sea algunos años más joven para poder plantar cara a los Cardenales que quieran implantarle sus ideas.
Que sea un verdadero profeta y que le cante la caña, a los mandatarios que están oprimiendo a sus pueblos.
A Díos le pido que los Cardenales se pongan en su mano , que se dejen iluminar por  el Espíritu Santo y no por  las poltronas. Amen
María Ibáñez